La vida de un hijo único

Aunque ahora es cada vez más frecuente encontrar parejas y matrimonios con tan sólo un hijo, hace unos años esta situación no sólo no estaba mal vista, sino que además a los niños se les catalogaba como caprichosos y malcriados. Por suerte esta situación ha cambiado y ahora son muchos los matrimonios que prefieren tener tan sólo un hijo. Cierto es también que las condiciones sociales (y sobre todo económicas) está obligando a las parejas a retrasar la edad en la que tener descendencia, lo que hace que sólo les dé tiempo a tener un solo hijo. A esto además se le suma el hecho de que la situación económica no ayuda a criar más de un niño en la casa.

Hijo único

Son muchos los estudios que se han hecho en relación a la educación y crecimiento de un hijo único. A pesar de estar concebido socialmente como algo negativo, no siempre es malo que crezcan siendo el único niño de la casa.

Al estar rodeados de adultos madurarán antes. Intentarán copiar el comportamiento de los mayores y los tomarán como modelo de referencia en su día a día.

Es cierto que están en un contacto más directo con la soledad que cualquier otro niño con hermanos. Pero no siempre la soledad es mala, habiéndola disfrutado durante la infancia, cuando crecen no tendrán miedo a pasar tiempo solos, de hecho, se convertirá en una necesidad con la que estar tranquilos. Pero también debéis recordar que cuando son menores, es importante que aunque en casa estén solos, salgan a la calle a jugar, desde pequeños acudan a guarderías donde relacionarse con otros niños de su edad.

Dicen que los hijos únicos tienen mayor tendencia al egoísmo. Al estar en casa solos no se ven en la necesidad de compartir y dado el momento, no siempre ven con buenos ojos dejar a otros niños sus juguetes. Sin embargo, dicen que los niños que crecen sin niños en el hogar tienen mayor facilidad a la hora de hacer amigos. La ausencia de menores cerca les hace más receptivos a la hora de entablar relaciones con otros niños de su edad.

Al criarse solos en casa, sus padres ponen en ellos todas las expectativas. Se espera de ellos que lo den todo en el colegio y sean buenos en aquellas prácticas y deportes que desarrollen. Si no llegan a cumplirlas pueden sentirse frustrados al no satisfacer los objetivos que sus padres tenían marcados para ellos.

Son cosas que quienes son hijos únicos saben que son muy ciertas. Es mi caso. A mí nunca me ha costado hacer amigos de igual forma que he sabido convivir con la soledad haciendo de ella una gran aliada. Ahora con veintitantos, no temo estar sola, es una aliada cuando necesitas abstraerte del mundo. En favor de los hijos únicos tengo que decir que no todos son malcriados y engreídos. No siempre he tenido todo lo que pedía, y de hecho muchas de mis amigas, con hermanos, han tenido más cosas que yo. Aunque también es cierto que en mi infancia eché de menos alguien de mi edad con quién jugar, a quién contar mis cosas…

Imagen:www.elbloginfantil.com

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