El primer verano de tu hijo

Con la llegada de agosto las ciudades se quedan vacías, mientras que las costas se llenan. Un movimiento vacacional que recuerda a las glaciaciones, cuando había que huir de los lugares que comenzaban a congelarse, pero por el motivo contrario: el intenso y agotador calor.

Además, si ya es difícil decidir el destino de nuestras vacaciones porque hay que ponerse de acuerdo con varias personas, lo es mucho más con un recién nacido a nuestro lado.

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Damien Guyon

Si somos padres primerizos y no tenemos mucha idea sobre si nuestro hijo puede estar en una playa o no aquí te dejamos unos puntos a tener en cuenta.

Si nuestro bebé tiene menos de seis meses no es recomendable llevarle a la playa, pero si así lo hacemos no puede recibir ni un solo rayo de sol. De esta forma deberíamos vestirle con ropa que cubriera gran parte de su cuerpo pero con tejidos naturales, claros y ligeros, ya que todavía no se recomienda el uso de cremas solares. Además cubrirle con todo lo que fuera necesario porque con la sombrilla no es suficiente.

Cuando el pequeño ya tiene ocho meses, se le puede llevar a la playa o a la piscina para comenzar a darle bañitos. A esta altura ya se puede comenzar con la crema protectora, procurando que sea resistente al agua y de cobertura total. Se debe extender por todo su cuerpecito, sin olvidar partes sensibles como pueden ser orejas, cuello, nariz o el empeine del pie. Tenemos que repetir esta operación cada dos horas y observar si la piel de nuestro bebe reacciona correctamente sin ningún tipo de irritación o alergia. A pesar de que con esos meses ya se les puede llevar a la playa hay que tener en cuenta las franjas horarias en las que lo hacemos. Sabemos perfectamente que las horas más peligrosas para exponernos al sol son las centrales del día, por lo tanto antes de las 10 de la mañana o a partir de las 17, pueden ser unas buenas alternativas.

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Marco N. Bulgarelli

Gorritos, pañuelos, gafitas de sol, sombrillas o camisetas son imprescindibles ya que la arena refleja las radiaciones solares. Hay que tener en cuenta que si los adultos nos protegemos cada vez más del sol, la piel de un niño es mil veces más sensible que la nuestra por lo tanto necesita de más atención y cuidados.

Si decidimos llevarles a la playa, hay que tratar de mantener a los pequeños de la casa siempre hidratados dándoles mucha agua y fruta de verano.

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